ANTONIO MEUCCI:

 

Parece que la historia debe ser reescrita si queremos hacer justicia a un inmigrante de Florencia, Italia: Antonio Meucci, que inventó el teléfono en 1849 y archivó su primera advertencia de la patente en 1871.

  Meucci era de carácter enigmático, hombre incapaz de superar su propia carencia de directivo y el talento emprendedor, un hombre atormentado por su inhabilidad de comunicarse en cualquier lengua con excepción del italiano. Los acontecimientos trágicos de su vida personal y profesional, de sus realizaciones y de su asociación con el gran patriota italiano, Garibaldi, deben ser legendarios en sí mismos pero, curiosamente, el hombre y su historia son prácticamente desconocidos hoy.

  Antonio Meucci había llegado a la Habana en diciembre de 1835 con su esposa Ester, él con el cargo de responsable técnico del Gran teatro de Tacón, hoy Gran Teatro de la Habana, y su esposa como responsable del vestuario.

Como la temporada teatral se extendía de noviembre hasta abril del siguiente año, durante el resto de éste Meucci disponía de mucho tiempo, que empleaba no solo para preparar y reparar los equipos de teatro, sino para estudiar los últimos descubrimientos de la entonces nueva ciencia de la electricidad, y realizar los correspondientes experimentos, tras el descubrimiento de la electrólisis, como la galvanostegia, o sea, el recubrimiento electrolítico de los metales, particularmente el dorado y el plateado galvánicos. Por consiguiente, al comienzo del año 1844 ,cuando Meucci le ofreció al gobernador O´Donnell la posibilidad de galvanizar espadas, botones y otros objetos utilizados en el ejercito, la galvanostegia estaba aún en su infancia en Europa, y no existía en el nuevo mundo O´Donnell ofreció a Meucci un contrato por cuatro años y Meucci lo cumplió estrictamente, sin dejar de ofrecerles el mismo servicio a los particulares.

Meucci pensó utilizar el tiempo libre que iba a tener a su disposición así como sus equipos de galvanostegia, para aplicar las nociones de electroterapia sobre las cuales se había informado gracias a sus lecturas en publicaciones de la época. Logra hacerlo aparentemente con buenos resultados, al extremo que muchos médicos habaneros le enviaban pacientes para someterlos a electroterapia . El polígrafo cubano Fernando Ortiz nos refiere que Meucci llegó, incluso, a reanimar a una conocida cantante de la época , Consuelo Ispahán, atacada de parálisis cardiaca, utilizando al efecto su aparato para aplicarle una estimulación cardiaca que le salvó la vida.

Uno de los empleados de Meucci vino un día del año 1849 para pedirle que lo librase de los dolores que le ocasionaban el reumatismo que padecía en la cabeza. Meucci le hizo sostener en una mano una lengüeta de cobre y, en la otra, el mango de corcho de un instrumento con lengüeta de cobre , y le pidió que se introdujera en la boca la susodicha lengüeta , cuando se lo ordenase . En tales condiciones, el paciente había de ser atravesado , durante un breve instante , por una corriente eléctrica suministrada por las pilas que Meucci tenia en su taller de galvanostegia.

Al aplicar el procedimiento que acabamos de describir , tuvo lugar una coincidencia fortuita y a la vez afortunada , por cuanto Meucci , queriendo tener una idea de la intensidad de la corriente que atravesaba al paciente , de cuanto en cuanto se insertaba en serie con el mismo , como era costumbre en la época . Con este fin sostenía en la mano un instrumento igual al que el paciente debe introducirse en la boca , cerrando luego el circuito con la batería.

Cuando ordenó al paciente introducirse en la boca la lengüeta de cobre, aquél emitió un grito por la sacudida , que debió de ser “de unos 114 voltios” Meucci describió años mas tarde lo que ocurrió después. “ Pensé haber oído este sonido &emdash;dijo&emdash; mas claramente que si fuese natural. Entonces acerqué el cobre de mi instrumento a la oreja , y oí el sonido de su voz a través del alambre.

 Esta fue mi primera impresión y el origen de mi idea de la transmisión de la voz humana por medio de la electricidad”.

Meucci añadió un cono de cartón alrededor del instrumento suyo, así como del instrumento del paciente, a partir de ese momento tendría que sostenerlo solo uno, ya que ahora no era necesario que fuese atravesado por la corriente .

Estas fueron sus palabras: “ Ordene al individuo enfermo que repitiese la operación efectuada anteriormente , y que no tuviese ningún temor de ser atacado por la electricidad y que hablase libremente dentro del cono . lo hizo inmediatamente . Se llevo el cono a la boca y yo el mío a la oreja . En el momento que el susodicho individuo habló, yo recibí el sonido de la palabra , no clara un murmullo, un sonido inarticulado . lo  hice repetir diferentes veces en el mismo día . Luego probé en diferentes días y obtuve el mismo resultado . A partir de ese momento esta fue mi imaginación , y reconocí que yo había obtenido la transmisión de la palabra humana por medio de un alambre conductor unido a varias pilas para producir electricidad y le di inmediatamente el nombre de “” Telégrafo parlante “”. “

   ANTONIO MEUCCI